En mi mundo interior | Regalos del cielo, y otras sorpresas.
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Regalos del cielo, y otras sorpresas.

Regalos del cielo, y otras sorpresas.

Vivimos en una sociedad consumista, en la que el tiempo pasa volando: nacimiento – Infancia – Adolescencia – Los20 – Los30 – Los40 – Los50 – Los60 – La3ªedad – y La 4ª (si eres afortunado)… Y todo pasa volando, como un suspiro. Si rebuscas en tu cerebro, y en función de la edad que tengas, podrás “teletransportate” un montón de años atrás, en tan solo un segundo…

Y qué es lo peor de todo, que mientras vivimos no nos paramos a disfrutar de cada segundo, de esos millones y millones de regalos que caen del cielo, en forma de unidad temporal, que disfrutamos sobre la tierra.

Muchas veces he reflexionado sobre el tiempo… Se ve que es una de mis mayores preocupaciones, y también de mis ocupaciones: la gestión del tiempo. Saber diferenciar entre lo imprescindible y lo accesorio. Odio las reuniones largas, donde se divaga sin parar. No soporto reunirme para un tema, y acabar hablando de cualquier cosa, menos de lo que estaba previsto. No me gusta llegar al cine cuando una película ha empezado. O incorporarme tarde a una reunión de amigos. No me gusta hacer perder el tiempo a la gente, ni que me hagan esperar innecesariamente. Respeto demasiado mi vida, y la de los demás, como para no darle valor a la cosa que más valor tiene: El Tiempo.

Quizá por eso, disfruto de miles de momentos a lo largo de un día. Disfruto cuando veo a una persona pasear feliz a su perro; cuando una pareja se para en una esquina y se regalan un beso, un abrazo entre amigos, un reencuentro en un aeropuerto; o viendo caminar felices a una pareja con un recién nacido.

Cada segundo cuenta. Cada segundo de mi vida. Y de la tuya. El tiempo es un ente subjetivo. No es lo mismo estar 60 segundos en un ring con Mike Tyson, que bajo unas sábanas con Elle McPherson. No es lo mismo 10 segundos de besos y caricias, que 10 segundos en una pelea. No es lo mismo ese segundo en que alguien te deja, al que conoces a la persona que deseas que ocupe el resto de tu vida.

Los segundos son fundamentales, son regalos del cielo, que se agotan uno detrás de otro, y no vuelven. Y lo peor es que no sabemos cuántos de ellos tenemos. Ni la persona más rica de éste planeta lo conoce, ni el más pobre. Da igual que seas alto, guapo e inteligente, que bajo, feo y zoquete. En ésta vida llena de sorpresas, los dueños de nuestra existencia son los segundos. 

Segundos en los que aciertas, o te equivocas. Segundos en los que metes el tiro a puerta, o lo fallas. Segundos en los que decides firmar o rehusar. Segundos en los que das un beso o apartas la cara. Segundos en los que agarras una mano, o la sueltas.

A lo largo de un día, disfrutamos de 86.400 segundos, de los cuales si duermes 8 horas, desaprovechas 28.800. Con lo que en base a este sencillo cálculo, nos quedan 57.600 segundos por día. 57.600 regalos. En un mismo segundo puedes oir, ver, degustar, oler y sentir. En ese mismo segundo puedes disfrutar de millones de colores, y de multitud de sonidos, que combinados con el sabor que tengas en tu boca, y lo que estés tocando, o quien te toque a tí, más lo que huelas… Hacen una amalgama infinita de sensaciones, que vives en ese mismo segundo. Buffff…. Demasiada información para el cerebro. Y por lo tanto, descartamos casi todo, y el segundo avanza, y no valoras lo que te rodea, y dejas de disfrutar de ese momento. Y sigues para adelante, como los burros, sin disfrutar de lo que pasa.

Hay segundos en los que quieres que te trague la tierra, otros que deseas que nunca se acaben, segundos de felicidad y de tristeza, segundos de alegría y de llanto, hay tantos tipos de segundo, que no puedo ni enumerarlos.

Pero sólo hay un segundo fundamental, el que vives en este momento.

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