En mi mundo interior | El camino a la plenitud
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El camino a la plenitud

El camino a la plenitud

Tras leer en la prensa, el anuncio de la retirada a finales de temporada del Campeón del Mundo de Motociclismo, Casey Stoner, porque necesita recuperar la libertad, y el anonimato, en la búsqueda de su felicidad, me ha venido a la mente una historia que me contaron hace años. Una historia que invita a la reflexión, y que voy a intentar reproducir.

 

“Hace unos cuantos años, un potente empresario norteamericano se encontraba de vacaciones en la costa de México. Mientras se bañaba en la playa, con sus blackberrys sonando sin parar en la toalla, olió una maravillosa fragancia a pescado a la brasa. El olor, le hizo salir del agua, y recogiendo apurado su portatil, sus tfns, su cartera, su agenda y su toalla, comenzó a caminar persiguiendo ese perfume embriagador.

 

En lo alto de una colina, se encontró con una pequeña choza de madera, con una hoguera, y un montón de pescados, que sobre una humilde plataforma de hierro, se hacían lentamente. Las vistas desde allí eran espectaculares. Se avistaban verdes montañas, profundos bosques y un mar azul, claro y transparente, que permitía vislumbrar los fondos de coral. Por un momentó soñó con la idea de vivir allí…

 

Alrededor del fuego, se concentraba una familia, que con risas y cantos esperaba a que la comida se hiciera. Se acercó hacia ellos, y halagó el maravilloso olor que de allí se desprendía. La familia, sorprendida, acogió con mucho cariño al extranjero y lo invitó a comer.

 

Curioso, el extranjero, preguntó al padre de familia de donde había sacado aquellos maravillosos ejemplares de pez y sobre cómo era su vida en ese lugar. El mejicano, de unos 30 años, apuesto, fuerte y cortés, le explicó que cada mañana salía con su caña y su barca, a un lugar cercano a la costa, donde tras unos pocos minutos, cogía suficientes provisiones para el día. Y que entonces volvía a tierra, para encontrarse con su mujer. Una vez ahí, y mientras sus cuatro niños iban al colegio, se pasaban toda la mañana haciendo el amor con su esposa, cantando y riendo; que al mediodía se acercaba a buscar a los niños que volvían de la escuela, y que todos juntos cocinaban el pescado. Tras la comida, dormían la siesta, acostados bajo un humilde techo de paja, escuchando el sonido de las olas, de los pájaros, y que a veces, con suerte podían avistar a una familia de delfines, que, curiosos, se acercaban a la costa. Cuando caía la tarde, tenía la costumbre de acercarse al pueblo, y jugar al dominó con sus amigos, charlando acerca de lo que habían hecho ese día; y al caer la noche, volvía a la caseta, para comer los restos de pescado del mediodía, y volver a hacer el amor a su mujer, antes de dormir con ella felizmente abrazados.

 

El empresario, se quedó pensando durante un instante, y le dijo al mejicano: “Desconoces lo bueno que está éste pescado. Lo que deberías de hacer es estar cada mañana, desde la mañana hasta la noche pescando y recolectando pescado suficiente. Con lo que te sobre, deberías ir al pueblo y venderlo en los bares y restaurantes, y así juntar suficiente dinero, para poder comprar otra barca. Cuando tengas dos barcas, deberías contratar más pescadores, y seguir explotando esa zona, y juntando cada vez más y más peces, que podrías vender en la ciudad que tienes aquí cerca. Tras unos pocos años de duro trabajo, y cuando menos te lo esperes, seguro que tienes una flota pesquera, dominando la costa, y recolectando millones de toneladas, y con cientos de empleados. Es en ese momento cuando podrás poner a tu empresa en bolsa, y comenzar a cotizar a nivel mundial. Deberás crear una página web, tener un departamento administrativo y comercial, un departamente de Rrhh para gestionar las altas y bajas de tus empleados, un contable para que controle tus gastos e ingresos, y te recomiendo que te busques un buen despacho de abogados, para poder enfrentarte a Greenpeace y a las otras Ong que pretenden cuidar las reservas naturales. Dentro de unas décadas, cuando tu empresa surque las aguas de todo el planeta, podrás venderlo por miles de millones de dolares y retirarte a vivir a una playa”. 

 

El mejicano lo miró a los ojos, y le dijo:

 

– “Nada de eso necesito, pues ya vivo aquí, y con el pescado que colecto cada mañana, nos da para vivir”.

 

Y ahora digo yo:

” No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita…”.-

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