En mi mundo interior | #9 Querido Papá / “Cuatro muertes sin sentido”
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#9 Querido Papá / “Cuatro muertes sin sentido”

#9 Querido Papá / “Cuatro muertes sin sentido”

Querido Papá.

Aquí estoy de nuevo, para contarte algunas de las cosas más relevantes que han sucedido los últimos días. Ha sido esta una semana un poco complicada, porque entre que me han puesto unos implantes dentales que no me han dejado descansar con normalidad y que tu nieto anda con una tos que no hay manera de que se vaya, pues las noches son más animadas de lo que uno quisiera. Pero al mal tiempo, buena cara.

Hay muchos asuntos de los que podría hablarte: como por ejemplo que Yolanda Díaz, ahora dice que la reforma laboral, técnicamente no se puede derogar. Dicho de otro modo, aquello que llevan años diciendo que harían, ahora que pueden, admiten que no quieren ni deben hacerlo. O centrarme en la terrible historia del asesino del niño de Lardero, ese niño de 9 años al que le fue arrancada la vida por un ser que jamás debería haber vuelto a pisar las calles. O del tipejo que fue detenido en La Rioja tras golpear a su mujer y amenazar con tirarse por el balcón con su hijo de 15 meses.  También podría seguir contándote cosas relativa al avance de los presupuestos de la “vergüenza”, que dependen más que nunca de aquellos que quieren romper España. Tampoco estaría de más preguntarse, si los otros partidos que están en la oposición han ofrecido alguna alternativa, o si el Sr Sánchez se ha dignado siquiera a preguntarles. Seria fácil también que hablara de la apertura de declaraciones en el escándalo del caso Nap y del poco revuelo que ha generado este asunto en los medios de comunicación. O de las 30 casas adquiridas para los afectados por el volcán de La Palma. 30. Y ya van 2700 arrasadas…

Pero esta semana voy a hablar de un asunto que me ha destrozado el alma. Como diversos medios de comunicación han anunciado, se ha confirmado que el pasado 24 de Octubre, al menos cuatro bebés, un hombre y varias mujeres fallecían durante la travesía de una patera rescatada en la ruta que conduce desde el sur del Sáhara a Canarias. En su momento salieron de una localidad llamada Dajla con agua y alimentos para tres días, pero el viaje se complicó estando en alta mar durante diez días, de los cuales más de seis fueron a la deriva.

 El bote, localizado a menos de 200 km de Gran Canaria, albergaba a 52 personas, de las cuales 24 eran mujeres, 18 hombres y diez menores, cuatro de ellos no acompañados.

En declaraciones a la policía informaron que al menos siete personas murieron durante el viaje, cuando se quedaron a la deriva al quedarse sin combustible, y se vieron obligados a beberse su propia orina mezclada con agua de mar. Debieron luchar durante días contra la fuerza de las olas, achicando agua, e intentando mantenerse en la barca.

El primero en morir fue un hombre, arrastrado por la corriente y escaso de fuerzas, al cual sus compañeros de viaje no pudieron rescatar de las enfurecidas aguas del atlántico.

Después, fueron muriendo mujeres y niños…. Bebés que fueron arrancados de los brazos de sus madres para ser arrojados al mar, tras llevar al menos 24 horas muertos por falta de comida y agua.

Cuatro bebés. Cuatro niños de la edad de tu nieto. Cuatro niños como Hugo. Fallecidos en mitad del océano. Arrojados al mar. Olvidados. Cuatro muertes sin sentido.

No puedo imaginar las condiciones en que pueden estar personas en sus países de origen, para iniciar un viaje hacia lo desconocido, pagando auténticos dinerales a las mafias, para embarcarse en un trayecto marítimo de varios días de duración, sin garantías no solo de llegar a tiempo a destino, sino de hacerlo con vida. La desesperación debe ser tanta, que seguro que prefieren morir en el intento, que vivir sin intentarlo.

¿Pero y quien mira a esas aguas que unen la costa africana con Canarias? ¿Quién se preocupa de dotar de recursos materiales a nuestros guardacostas? ¿Dónde está el dinero que garantice que no sigamos teniendo que sufrir pérdidas humanas en nuestras aguas? ¿Para cuándo una solución digna que garantice la supervivencia en condiciones dignas de aquellos que se juegan la vida buscando un futuro mejor?

No seré yo el que defienda la libre circulación de las personas, ni entienda que la solución pase por abrir sin más nuestras fronteras. Pero tampoco seré aquel que calle ante las injusticias, y que no exija soluciones inmediatas para un problema que afecta ya a casi mil fallecidos desde que comenzó el año, en la llamada ruta canaria. 1000 muertes, casi 3 al día. Eso quiere decir que cada 8 horas morirá una persona en nuestras costas. Cada 8 horas, una persona. Piénsalo. Dentro de 8 horas otra persona morirá ahogada en nuestras aguas.  

Por desgracia los telediarios, las radios y los periódicos solo hablan de los inmigrantes cuando aparecen imágenes de cientos de ellos, hacinados en nuestros muelles. O cuando hay un brote social que protesta ante el aumento de su presencia. O cuando descubrimos que los alojan en algún espacio hotelero, porque no hay cama para tanta gente. Pero poco se habla de los que mueren atrapados por las aguas, engullidos en las fauces de Neptuno, ni de sus miedos en la noche, ni sus llantos y preocupaciones cuando las olas saltan por encima de sus cayucos. ¿Donde está la empatía de las personas para con aquellos que han nacido en otro sitio? ¿Donde el humanismo para con los que simplemente creen distinto? ¿Donde la implicación política para con aquellos que nunca podrán votarles?

Nada indica que esto se vaya a frenar sin una búsqueda de soluciones consensuada entre los países de origen y España. Y lamentablemente nada sugiere, que ese remedio sea cercano.

Y mientras tanto, alejados de las tragedias de nuestros mares, nuestros políticos siguen teorizando sobre reformas laborales innecesarias, negociando los presupuestos de la vergüenza con los que quieren romper España, y agazapados detrás de pandemias y volcanes.

Espero que el próximo viernes pueda venir con noticias más agradables.

Te seguimos extrañando.

Hablamos la próxima semana.

Un beso fuerte.

Igor.

 

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